Si hay un pescado que suele conquistar a los más pequeños cuando visitan Salabre, ese es el gatet. Su sabor suave, la ausencia de espinas y una curiosidad que sorprende a muchos niños hacen que sea una de las elecciones favoritas de las familias.
¿Qué es el gatet?
El gatet (Scyliorhinus canicula) es un pequeño tiburón muy apreciado en la cocina mediterránea. Dependiendo de la zona de España recibe distintos nombres: en gran parte del país se conoce como pintarroja, mientras que en Cartagena es habitual llamarlo gata.
Además, pertenece a la misma familia que la mussola o cazón, dos especies bien conocidas en la gastronomía mediterránea. Su carne de sabor suave y textura delicada ha formado parte de la cocina tradicional de la costa durante generaciones.
¿Por qué suele gustar tanto a los niños?
Cualquier cocinero que haya trabajado este pescado destacará enseguida su carne blanca y tierna. Sin embargo, hay dos razones que hacen que muchos niños disfruten especialmente del gatet.
La primera es que no tiene espinas. En lugar del esqueleto óseo característico de la mayoría de los pescados, el gatet cuenta con una única columna de cartílago, lo que hace que resulte muy cómodo de comer y dé tranquilidad a muchas familias.
La segunda es, probablemente, la más emocionante. Para muchos niños, el gatet supone la primera vez que prueban un tiburón. Descubrir que el pescado que tienen en el plato pertenece a este grupo despierta su curiosidad y convierte la comida en una experiencia divertida y diferente.
¿Cómo cocinamos el gatet en Salabre?
En Salabre elaboramos el gatet con una receta sencilla que respeta todo su sabor. Preparamos una salsa con ajo, perejil y aceite de oliva virgen, que acompaña al pescado durante un breve horneado.
El resultado es un plato jugoso, aromático y lleno de sabor, ideal para disfrutar en familia y descubrir uno de los pescados más tradicionales de la cocina mediterránea.